Déjame que diga

Se acabó. En serio. Ya no puedo más, ya no aguanto más. Me niego a llorar de nuevo por ti, me niego a que otra lágrima se malgaste en tu nombre.

Pero antes…

Déjame que diga que los inviernos a tu lado eran mejores. Mis abrazos tenían sentido y mi piel en tu piel era todo lo que necesitaba para no pasar frío. Ahora el invierno es diferente, distinto, ya no hay abrazo en que esconderme, ya no hay fuego en mi piel ni alegría al escuchar tu nombre.

Mi nombre… déjame que diga que mi nombre se acostumbró a acostarse en tus labios para que cada mañana despertaras susurrándolo. Era la única melodía que quería escuchar cuando, aún con los ojos cerrados, tu respiración perdía el compás del sueño y las sábanas ocultaban el enredo que había debajo.

Déjame que diga que te quise como nunca había querido a nadie. Esa forma de querer la descubrí contigo, haciendo bueno cada instante, volviendo mágico el atardecer de los días de tormenta. Amando sin complejos y creyendo que tú nunca podrías llegar a hacerme daño.

Pues bien, déjame que te diga que lo hiciste. Tu salida de mi vida ha sido una de las cosas más dolorosas a las que me he enfrentado. Dicen que la tirita hay que arrancarla de un tirón, que así duele menos. Mentira. Lo único que has conseguido es dejarme sin aliento, boqueando de la impresión y perdido por completo en este mundo que no es mundo ni volverá a serlo. No mientras me sigas doliendo de esta manera, no mientras te siga queriendo.

Déjame que diga que, aún queriéndote como lo hago, no te quiero de vuelta en mi vida. Mucho menos ahora que he despertado de este enamoramiento ciego, que me he dado cuenta de lo mucho que puedes llegar a doler y de lo poco que tú querías, de lo poco que en verdad me querías.

Por último, déjame que diga que no he podido cumplir lo que dije al principio, que sigo malgastando lágrimas y que con cada respirar escucho tu nombre en el aire que se pierde de mis labios. Ojalá se pierda también y lo olvide. Ojalá te olvide a ti de una vez.

Porque ten claro que de este final nacerá un nuevo principio, un nuevo capítulo en la historia de mi vida en el que, por suerte, me encontraré de nuevo conmigo mismo y tú serás parte de un pasado al que no habré de mirar más que para ver lo lejos que haya llegado.

Ahora sí, puedes irte, pero antes… déjame que diga: adiós, no vuelvas.

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