Amor

Quería escribirte un «para siempre» que no sonara vacío, pero me he dado cuenta de lo mucho que lo usa la gente sin darle el valor que merece. Así que aquí me tienes, con una breve carta que trata de darle peso a esas dos simples palabras que, en realidad, significan tanto que nunca debieron poder volar así, mecidas por el aliento de amantes pasajeros que nunca esperaron tener que cumplir sus promesas.

Pero yo no soy así. Ni tú tampoco. Por eso quiero que este “para siempre” nos ancle a la realidad, la apuesta de un futuro juntos que ninguno se tome en vano. Que si las cosas se ponen difíciles, seamos capaces de no tirar la toalla y seguir luchando porque los dos queremos seguir en este barco. Ojo, no quiero atarte a nada. Si un día sientes que te falta el amor, que se perdió por el camino de todo lo que vivimos, entenderé que te tengas que ir. Pero mientras queden llamas en este fuego, lucharé por ti como lo he hecho siempre. No importa que llueva o truene, nada apagará lo que siento por ti.
Y ese es el “para siempre” que yo te prometo. Uno que entienda y respete, pero que también luche por lo que tiene. Que no se deje amedrentar por el mañana y busque siempre solución a los problemas. Que sigas en mi vida pase lo que pase y que nunca nos falte el amor. Eres el sueño del que no quiero despertar, la flor de primavera que, espero, resista todos los inviernos.
Ya veremos qué nos depara lo que viene. Hasta entonces, yo te prometo seguir aquí, con la mano tendida y dispuesto a pelear por nosotros, por ti. Te quiero tanto que a veces olvido todo lo demás. Y no digo que sea algo malo, sino que siempre seré capaz de teñir de olvido los errores y descuidos propios de la vida. Siempre que tú sigas aquí, luchando conmigo por todo esto que tenemos y que, por una vez, se cumpla este “para siempre” que tanto le pesa a algunos.
 

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