Amor

Ella llega y te rompe los esquemas, te quita las penas y eriza tu piel con solo una mirada. Ella sana cuando besa, cuando roza tus heridas y te hace olvidar lo sufrido. Deja en el pasado todo aquello que llevabas aún contigo y te hace vivir un presente con tintes de futuro, con tintes de una felicidad olvidada hacía tiempo. 

Ella aparece siempre cuando menos la esperas, cuando dejas de buscarla y te conformas con medios amores, con medias vidas. Llega cuando tiene que llegar, cuando ella considera que es su turno y nunca antes, pues es libre y ni siquiera cuando sea tuya dejará de serlo. Será libre y suya, siempre.

Y tú… serás suyo. Irremediablemente suyo. 

Ella no te cambiará, no te hará llorar de forma innecesaria ni traerá consigo daño alguno. Brillará siempre con esa luz que te salpica el alma, como rayo que se cuela por tu ventana cerrada.

Ahuyentará las sombras y no habrá mañana alguna en la que no te despiertes con su nombre en los labios, deseando besar esa promesa de felicidad eterna que traerá consigo cuando llegue. 

Pues llegará. Algún día.

Hasta entonces, no te pierdas. Vive tu vida y tropieza las veces que haga falta. Búscala en cada mirada, en cada beso, en cada «te quiero». La encontrarás, te lo aseguro, y cambiará tu vida del mismo modo en que tú cambiarás la suya. Ahí está la clave. Os encontraréis el uno al otro en el momento preciso. Cuando ella se entregue y tú la veas al fin, acurrucada en tu abrazo y con la tranquilidad de saber que, por una vez, tú también te habrás entregado a alguien que de verdad lo merezca.

 
 

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