Capítulo 12

Tal y como había prometido, Raissa me vino a buscar en cuanto tuvo noticias. No esperaba, sin embargo, que apareciera en mi habitación a las siete de la mañana. Si mi cara era un poema mientras me vestía delante de ella, imaginaos la de Evan cuando se despertó y la vio cruzada de brazos al lado de su cama.

Me comunicó que el Consejo había aprobado su solicitud y que íbamos a empezar ese mismo día.

-Pero por la mañana tengo clases -protesté.

-Sí, a las diez tienes magia de combate y a las doce, runas. ¿Adivinas quién es la profesora de la primera? -sonrió burlonamente.

No entré al trapo.

-Son las siete de la mañana, la clase no empieza hasta las diez.

-Esa, querido, es la clase de grupo, la tuya empieza a las siete y media.

-¿Y el desayuno?

Sacó un plátano de entre los pliegues de su túnica negra de profesora y me lo lanzó.

-Ahí lo tienes.

Refunfuñé en silencio mientras Evan decidía darse la vuelta y seguir durmiendo.

Cuando llegamos al Cubo me pareció mucho más frío y vacío que el día anterior. Al menos, el mono blanco que hacía las veces de uniforme, guardaba el calor suficiente para no tener que preocuparme por eso. El cuadrado de cielo que se distinguía en lo alto era de color gris. Debía de estar lloviendo fuera.

-¿Por qué no entra aquí el agua? -quise saber.

Ella levantó la cabeza al cielo.

-Es por el escudo. El Cubo está envuelto en un muro protector. Aquí se realiza magia de combate, no queremos que un azote mal lanzado se estrelle en una de las paredes y provoque daños en la estructura.

-¿Quién mantiene el escudo activo?

-Runas, Ben, ya lo entenderás cuando aprendas a utilizarlas. Ahora, empecemos de una vez.

Me hizo colocarme en el centro del recinto.

-Creo que es mejor que dediquemos este primer encuentro a desarrollar tu canalización de la magia y ver cuánto control tienes.

Estuve de acuerdo. Saqué la varita.

-¿Es la de tu padre?

-Sí -contesté-. De nada sirve tenerla guardada. Además, parece mejor que la mía.

-Me parece bien, yo misma te lo iba a sugerir más adelante. Las varitas de iniciación son algo limitadas y no encuentro motivos para que no te sepas manejar con esa -se alejó un par de pasos y apuntó con su varita al suelo.

Al instante se materializó un tocón de madera de un metro de altura.

-¿Ves esos pequeños cuadrados que hay en el suelo? -preguntó señalándolos con un dedo-. Sirven para los entrenamientos. Funcionan igual que los de la cafetería, simplemente apunta hacia ellos y piensa lo que necesitas para entrenar. Ellos se encargaran de materializarlo -se volvió a acercar a mí-. Bien, quiero que hagas lo mismo que hiciste ayer con la pelota: haz que la madera se eleve y, después, vuelve a dejarla en el suelo suavemente.

Me pareció sencillo.

Me concentré en sentir la magia que me rodeaba. No tardé en escuchar su suave sonido, sinfonía infinita que bailaba a mi alrededor. La llamé y vino a mí, llenando mis reservas. Levanté la varita y la apunté al tocón.

“Elévate” -pensé.

Y se elevó.

Sentí que esta vez la magia fluía más deprisa a través del cuerpo que al levantar la pelota. Supuse que se debía al peso del objeto. Lo subí más de dos metros en el aire y luego lo hice bajar hasta reposar en el suelo una vez más.

Corté el flujo de magia y miré a Raissa.

-Bien, compliquémoslo un poco más.

Esta vez hizo aparecer una bañera de porcelana blanca llena de agua.

-Quiero que saques una esfera de agua de ahí dentro.

-¿Qué?

-Me has escuchado perfectamente. Saca una parte del agua que hay en la bañera con el tamaño y forma de un balón.

La miré incrédulo.

-¿Cómo voy a hacer eso?

-Siente la magia que sale de tu cuerpo a través de la varita y luego dile lo que quieres que haga, es muy sencillo. Venga, inténtalo.

Sin muchas esperanzas volví a acumular magia dentro de mí. Luego, apunté la varita a la bañera y me concentré en la magia que fluía de mi ser en su dirección. Casi creí sumergirme en el agua con ella. Creé una imagen mental de lo que quería que hiciera y la proyecté lo mejor que pude.

Sentí cómo el flujo mágico parecía endurecerse dentro del agua, creando una esfera perfecta. Entonces comencé a elevar la varita y la pelota de agua salió de la bañera y subió en el aire. ¡Lo había conseguido!

La emoción provocó que perdiera la concentración y la esfera se rompió en el aire, cayendo el agua al suelo por su propio peso.

-¡Casi lo tenías! Hazlo otra vez.

Esta vez me mantuve concentrado hasta el final. La bola de agua se elevó un par de metros y luego la devolví a la bañera. Una vez que ya sabía lo que tenía que hacer, fue mucho más sencillo.

Seguido me mandó hacer una serie de ejercicios parecidos a los otros dos, moviendo objetos de un lado a otro, lanzándolos en el aire y volviendo a recogerlos antes de que cayeran al suelo y un montón de cosas más. Es divertido hacerlo, pero comprendo que no sea muy interesante leer cómo recogía un zapato y lo subía a lo alto de una farola que había materializado Raissa previamente, así que os ahorraré el resto de la clase.

-No ha estado nada mal para ser el primer día.

-¿Eso crees? -pregunté bastante cansado, con las manos apoyadas en las rodillas mientras trataba de respirar a un ritmo normal.

Llevaba más de dos horas moviendo objetos de un lado a otro.

-Ben, no eres consciente de ello porque aún eres nuevo aquí, pero créeme, tu potencial es increíble -dijo tendiéndome una botella de agua-. Lo que has hecho hoy, habrá compañeros tuyos que ni siquiera lleguen a hacerlo antes de acabar el primer año, ¿entiendes?

Me parecía imposible. Me había resultado todo tan sencillo, que no podía entender que a los demás les pudiera costar tanto.

-Lo difícil no es mover las cosas, Ben -apuntó leyéndome el rostro-. Lo difícil es controlar la magia, comunicarte con ella para amoldarla a tus deseos. Ese es tu don. Sabes escucharla y sentirla, eres capaz de proyectar tu mente de forma que sepa qué es lo que quieres que haga. Eso es algo que se tarda mucho tiempo en aprender y tú pareces haber nacido con ello.

Casi al mismo tiempo que acababa de hablar, comenzaron a entrar mis compañeros en el Cubo. Ya eran las diez.

Emma se acercó sonriente hasta nosotros.

-¿Qué tal la primera clase? -se interesó mientras Raissa nos dejaba solos e iba a darles indicaciones a los demás.

-Agotadora -confesé.

-Sí, ya te veo… no te vendría mal una ducha.

Le saqué la lengua. Sí, algo infantil, lo sé, pero fue lo mejor que se me ocurrió en aquel momento.

-A ver, atención -se impuso la voz de la profesora por encima del bullicio general-. Ya nos conocemos, así que nos saltaremos esa parte. También seré yo la encargada de enseñaros magia de combate. En principio, ninguno de vosotros tendrá que encontrarse en una situación de duelo con ningún otro mago en toda su vida. Sin embargo, nunca está demás saber defenderse en caso de un ataque.

Todos nos colocamos en semicírculo a su alrededor mientras hablaba.

-El año que viene, los que elijáis la magia de combate como especialidad, conoceréis mucho más a fondo todo lo relativo a los combates mágicos ya que, una vez graduados, formaréis parte de la Guardia de Baem y seréis los encargados de velar por el orden de nuestra comunidad -hizo una pausa para que todos asimiláramos lo que iba diciendo-. Por ello, este año servirá como toma de contacto con los azotes y escudos mágicos, haciendo especial hincapié en estos últimos, ya que son los que pueden salvar vuestras vidas.

Recordé la visión. Shakar lanzando azotes y mi padre tratando de resistir hasta que su escudo se vino abajo. Me puse tenso.

-Lo primero que necesitáis para crear un escudo o para lanzar un azote, es saber controlar la magia. Por eso mismo imparto ambas clases -dijo con una sonrisa-. Repetiremos el ejercicio de ayer hasta que podáis tener un mínimo de control. Por parejas, coged una pelota y dispersaos.

Emma y yo nos apartamos del grupo en cuanto cogimos una.

-Ya verás cómo hoy lo consigues -la animé.

-¿Quieres empezar tú? -propuso.

-Ni hablar -me negué-. Como tenga que levantar una sola cosa más hoy, me muero.

Se rio.

-Vale, venga, allá voy. Deséame suerte.

Se concentró y apuntó la varita hacia la pelota. Estuvo así un par de minutos hasta que la bola echó a rodar.

-Al menos la has movido a la primera -dije sonriente.

-Sí…

Volvió a colocarse y apuntó de nuevo. Esta vez, en lugar de rodar, dio un gran salto.

-¿Por qué no consigo nada más que eso? -exclamó mosqueada.

Me acerqué a ella dispuesto a ayudarla. Me coloqué a su espalda y, empujando su brazo, hice que apuntara de nuevo.

-Relájate, estás muy tensa. No quieras lograrlo ya, no es tan sencillo. Mira a los demás, muy pocos han conseguido algo, la mayoría ni siquiera consiguen que se mueva.

Pareció relajarse un poco.

-Bien, ahora cierra los ojos. No, no bajes el brazo -la reprendí-, sigue con la varita en alto. Vale, ahora concéntrate en respirar como hiciste ayer, coge aire y déjalo salir lentamente. Siéntelo, escucha tu respiración.

Estaba tan pegado a ella que su aroma me turbaba. Aun así conseguí abstraerme lo suficiente para seguir susurrando sin romper su concentración.

-Ahora escucha todo lo que te rodea y busca ese zumbido. Ya lo conoces, lo escuchaste ayer. Aíslalo de los demás sonidos del Cubo. Solo estáis tú y él. Ahora siéntelo, Emma. No es solo un sonido, es la magia del aire. Estira tu mano -cogí suavemente su brazo izquierdo y la obligué a moverlo-, ¿lo notas? Ese cosquilleo en la piel. Eso es la magia.

Asintió sin abrir los ojos y sin dejar de mover, ahora ella sola, el brazo en el aire.

-Bien, pídele ayuda, proyecta hacia el aire tu necesidad de magia. Haz que quiera ayudarte y notarás cómo se empieza a concentrar dentro de ti. ¿Lo sientes?

Movió afirmativamente la cabeza.

-Pues ahora dile lo que quieres que haga. Ordénale que se dirija a tu brazo, a la varita y de ahí a la pelota. Siente cómo se aleja de ti y la sujeta. Ya está, ahora solo falta que levantes poco a poco el brazo -empujé lentamente el brazo que sujetaba la varita hacia arriba-. Eso es, abre despacio los ojos, Emma.

Lo hizo y vio la pelota flotando en el aire a la altura de nuestras cabezas.

-Ben -susurró con cierto temblor en la voz-, ¿qué hago ahora?

Cogí, una vez más, su brazo y la ayudé a ir bajándolo hasta que la pelota tocó el suelo. Entonces me asustó el grito de alegría que dio antes de lanzarse a darme un abrazo.

-¡Lo hice! Dios mío, qué pasada. ¡Aún siento la magia! Está en todas partes.

Estaba radiante de felicidad. No pude más que alegrarme por ella.

-Te dije que lo ibas a conseguir.

-Lo sé, es solo que no me lo esperaba. No te imaginas la falta que me hacía esto -confesó dejándose caer en el suelo.

Me senté a su lado y observamos al resto de la clase. Vi a Evan en el otro extremo. Su pelota subía en el aire pero no conseguía hacerla bajar de nuevo, simplemente seguía subiendo sin parar pese a que él había dejado de apuntarla. Los demás no lo hacían mucho mejor, aquí y allá se veían pelotas salir disparadas y solamente vi a un par de chicas ser capaces de controlar lo que hacían.

-¿Otra vez? -dijo una alegre Emma al tiempo que se ponía en pie de un salto.

-Claro.

Lo hizo de nuevo, esta vez sola. Perdió la concentración con la pelota en el aire y esta cayó en picado, pero no se dio por vencida y siguió intentándolo durante el resto de la clase. Al final casi lo controlaba del todo.

-Hola Ben, Emma -hizo un asentimiento de cabeza en su dirección-. Me alegra ver que avanzas, eres de las pocas que parecen ir controlando el ejercicio, te felicito.

Emma, orgullosa de sí misma, le dio las gracias.

-Quería hablar contigo, Ben. Te he estado observando y no has hecho nada durante toda la clase. No, tranquilo, déjame acabar -me cortó cuando intenté disculparme-. Lo que quiero decir es que las siguientes clases de canalización y de magia de combate van a ser similares a esta. Tus compañeros empezarán a mover objetos de diferentes tamaños y cosas por el estilo, parecido a lo que hicimos nosotros esta mañana. Calculo que les llevará al menos un mes, ser capaces de acabar esos ejercicios.

Mirando en derredor pensé que seguramente tomaría algo más de tiempo.

-Creo que no deberías venir a las clases de grupo -expuso al fin-. Deberías aprovechar este tiempo para adelantar la materia de las otras asignaturas.

Crucé la mirada con Emma. Vi, por su expresión, que no le hacía mucha gracia. Aun así, cuando se dio cuenta de que la estaba mirando, sonrió.

-Como te dije ayer, puedes ser un mago graduado en un par de años, puede que menos. Con las asignaturas prácticas no tendrás ningún problema, pero necesitas ir adelantado también en las demás.

-Sí, supongo que tienes razón -acepté.

-Venga, anímate, seguirás viendo a tus amigos en el resto de clases -se alejó de nosotros mientras el atronador sonido de la campana anunciaba el final de la clase.

-¿Qué opinas? -le pregunté a Emma.

Suspiró.

-Creo que tiene razón. Te están ofreciendo una gran oportunidad, deberías aprovecharla.

Agarrándola suavemente de la mano la obligué a girarse y a mirarme.

-¿De verdad piensas eso?

Se mordió el labio, recordándome al instante el día del parque.

-Es solo que… siento que me voy a quedar atrás. Tengo miedo de que dentro de unos meses vayas tan adelantado que apenas pueda verte. Sé que estoy siendo egoísta, pero es lo que siento. Estoy acostumbrada a estar sola desde hace mucho tiempo. Sin embargo, contigo estoy feliz y siento pánico de perderte.

Me asaltaron una serie de sentimientos encontrados. Por un lado era, seguramente, lo más bonito que me había dicho nadie nunca; por el otro, yo también había pensado en eso y sentía lo mismo.

-No dejaremos que eso ocurra -dije al fin-. Por muy adelantado que yo vaya, nos seguiremos viendo siempre. Te lo prometo.

La abracé y tuve una idea.

-¿Tienes algo que hacer esta tarde?

-No, ¿por? -preguntó ella, curiosa.

-¿Te apetece salir de la Torre y pasar la tarde conociendo Baem?

Su sonrisa se hizo enorme.

-¿Me estás pidiendo una cita? -dijo burlona, provocándome una carcajada.

-Claro, llámalo como quieras -concedí.

-Está bien, suena perfecto. Además, me muero de ganas de salir de la Torre.

Salimos del Cubo cogidos de la mano y nos dirigimos a la siguiente clase: Runas.

La clase la impartía el profesor Hakael. Fueron las dos horas más largas de toda mi vida. Comenzó hablándonos de la importancia de las runas en el mundo mágico, para luego dedicarse más de una hora a citar lugares de la Tierra en los que se podían encontrar runas.

Al menos, tal y como había anunciado Raissa, comprendí cómo funcionaban.

Cada runa tiene un significado y una función en concreto. Existen casi tantas runas como palabras en un idioma, lo que lleva a la necesidad de consagrar toda una vida a su estudio para llegar a dominarlas todas. Ese primer año, habríamos de aprender las básicas y necesarias para el día a día de cualquier mago, junto con otras menos esenciales, aunque útiles en determinadas situaciones.

Las runas funcionan de una forma muy sencilla. El mago que la crea, liga la magia del ambiente a la runa, proveyéndola así de un suministro mágico prácticamente ilimitado, ya que la velocidad de absorción de la runa es muy inferior al de reposición de la magia en el aire.

Gracias a este suministro constante, la runa es capaz de realizar la acción para la cual haya sido creada. Por ejemplo, una runa de reparación pintada en un muro, se encargará de arreglar los desperfectos de dicho muro provocados por el paso del tiempo. Para ello, tomará magia del aire y la aplicará sobre las grietas que se puedan formar.

En principio es muy simple, el problema viene a la hora de memorizar los cientos de runas que existen para cada situación en concreto.

Cuando salimos de la clase estábamos tan aburridos mentalmente, que ni siquiera hablamos entre nosotros hasta después de llevar un buen rato en la cafetería. Sin embargo, poco a poco nos fuimos animando ante la perspectiva de conocer Baem.

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