Capítulo 19

Salí del Cubo con paso alegre, me moría de ganas de contarle a Emma los progresos de la clase de aquel día. Caminé por los pasillos que me separaban del ascensor y, una vez en él, marqué la segunda planta. Esperaba encontrar a Emma en la cafetería, igual que siempre.

Las puertas se cerraron y los motores se pusieron en marcha. Sin embargo, algo iba mal. En lugar de bajar una planta, de la tercera donde estaban a las aulas en la segunda, el ascensor estaba subiendo. Miré el tablero de números y vi que la única marcada era la número dos y me extrañé. Probé a pulsarla de nuevo varias veces, creyendo que serviría de algo.

Por supuesto, el ascensor siguió subiendo hasta que se detuvo casi de golpe. Miré la pantalla que indicaba la planta en la que me encontraba. Veintidós. Las puertas se abrieron y una lengua de oscuridad apareció ante mí. Esperé que entrara alguien, suponiendo erróneamente que el ascensor había acudido a su llamada. Nada ocurrió. Seguí dentro del ascensor, con la mirada perdida en la oscuridad que se abría ante mí.

Cada vez más nervioso, empecé a tocar frenéticamente la tecla de la segunda planta, deseando que las puertas volvieran a cerrarse y me llevaran de una vez a donde quería ir. Sin embargo, no pasaba absolutamente nada. La tecla seguía iluminada, indicando que estaba correctamente pulsada, pero el ascensor seguía sin cerrar las puertas.

-¿Hola? -dije en voz alta, asomando un poco la cabeza.

Había algo raro en todo aquello. Una corriente de aire ascendió por el hueco del ascensor y me rozó la piel, provocando que un escalofrío me recorriera la espalda. Empezaba a estar algo asustado con todo aquello. Levanté la varita e hice aparecer una bola de luz en el aire sobre mi cabeza. Era bastante sencillo. Raissa me había enseñado a hacerlo en una de las primeras clases de canalización.

El globo de luz ahuyentó las sombras e iluminó una pequeña habitación con una puerta de madera al fondo. Probé a golpear una vez más el tablero de números, sin importar ya siquiera cuál marcaba. Solo quería salir de allí. Por supuesto, nada sucedió y el ascensor se mantuvo firme donde estaba.

Armándome de valor, di un paso dentro de la sala. No había absolutamente nada en aquel lugar más que la puerta del fondo. Un paso más y ya estaba fuera del ascensor. Miré hacia atrás, temeroso de que se cerrara ahora que yo ya no estaba dentro y me dejara allí. No lo hizo.

Caminé hasta el centro de la sala lentamente, mirando sin parar a mi alrededor. Al cabo de unos instantes comprendí que mi única opción era cruzar aquella puerta. Me acerqué hasta ella y agarré el pomo de frío metal que asomaba a un lado con la respiración acelerada. Con un leve movimiento de muñeca, el pomo giró y la puerta quedó entreabierta, lanzando al instante una franja de luz amarillenta que se fundió con la de la bola que aún flotaba sobre mi cabeza.

Hice un gesto con la varita y se apagó, dejando así solamente la luz que provenía de la puerta. Notaba el corazón latir fuerte en mi pecho mientras estiraba de nuevo la mano y tiraba del pomo para abrir la puerta del todo. Con un leve chirrido, dejó ante mí la visión de una nueva habitación iluminada por las danzantes llamas de varias antorchas que estaban colocadas por las paredes. Supuse que debían de tener grabada una runa que las hiciera funcionar.

En esta sala tampoco había nadie, aunque era muy diferente a la anterior. En el centro aparecía una estructura circular de piedra gris, igual que un pozo. El suelo, lleno de tierra y suciedad, presentaba huellas recientes que abrían un camino desde la puerta hasta él.

Di un par de pasos dentro de la habitación y me acerqué hasta el borde, mirando en su interior. Vi mi propio reflejo unos cinco metros más abajo, aunque en ese preciso momento el agua comenzó a vibrar. Dejé de ver mi rostro y comprendí, horrorizado, que el nivel del agua estaba subiendo sin parar a gran velocidad.

Me aparté del borde y di varios pasos hacia atrás. Entonces, un fogonazo de luz me obligó a cerrar los ojos y protegerlos con el antebrazo al tiempo que en un acto reflejo me agachaba en el suelo. Pasaron los segundos y nada nuevo ocurrió, así que poco a poco fui apartando el brazo de la cara mientras me ponía en pie de nuevo, tratando de acostumbrar la vista a la tenue luz de las antorchas.

-Hola, Ben -dijo una voz conocida, provocando que se me erizara hasta el último pelo del cuerpo.

Instintivamente alcé la varita y generé un escudo a mi alrededor, sin dejar de apuntar en ningún momento a la negra figura que se elevaba sobre las aguas del pozo, las cuales se habían detenido justo en el borde. Traté de lanzar un azote pero, con el miedo controlando casi todos mis músculos, fui incapaz.

El mago soltó una carcajada que retumbó en la pequeña habitación, provocando ecos tan fuertes que reverberaron en mi pecho antes de apagarse.

-Tranquilo, chico -dijo con una mezquina sonrisa en el rostro-. Solo quiero hablar contigo. Veo que ya sabes quién soy, eso está muy bien.

Era igual que lo recordaba, con la diferencia de alguna que otra cana nueva en el pelo y el evidente e inevitable paso del tiempo por su rostro, acentuando las arrugas. Lo recordaba mucho más joven, pero claro, la visión de mi padre era de hacía dieciséis años.

Mantuve la varita en algo y me concentré en reforzar el escudo, seguro de que estaba a punto de morir igual que hiciera mi padre.

-De verdad, no te voy a hacer nada -dijo Shakar con su voz profunda-, no podría aunque quisiera.

Sus palabras me llamaron la atención y me permití cruzar la mirada con las suya. Abrió los brazos, separando ambas manos del cuerpo para mostrarme que no sujetaba ninguna varita. Entonces, su figura se tambaleó y parpadeó un par de veces.

Alcé ambas cejas sorprendido. Shakar era solo una imagen, no estaba allí en realidad. Lentamente, me erguí sin dejar de apuntarle.

-Exacto, Ben, no soy más que una especie de… holograma -explicó-. En realidad no estoy ahí contigo, sino que me encuentro en la Tierra. Por supuesto, he necesitado un poco de ayuda para provocar este encuentro, espero que no me lo tengas en cuenta.

Estuve a punto de llevar la mano que no sostenía la varita al medallón, pero me contuve en el último instante. No podía matarme si no estaba allí, ¿no?

-He oído hablar mucho de ti últimamente, chico -expuso con las manos cruzadas detrás de la espalda-. Mis… amigos, dicen que eres poderoso. Corren rumores de que tu canalización es muy superior a la de cualquiera que se haya conocido antes, incluido yo, cosa que me parece realmente sorprendente. Como veo que ya has oído hablar de mí, lo que, por cierto, hace que me sienta halagado; creo que puedes entender el porqué de mi curiosidad por conocerte.

Controlé mi impulso de echar a correr de nuevo hacia el ascensor, consciente de que seguramente me sería imposible ponerlo de nuevo en marcha mientras Shakar me quisiera allí con él. Además, tenía la extraña sensación de que no sabía nada acerca del medallón.

-Sinceramente, no te imaginaba así. Te pensaba un poco más fuerte, puede que incluso más alto. Pero, en fin, la magia no entiende de físicos, supongo -dijo al tiempo que se pasaba una mano por la larga cabellera-. ¿Cuánto hace que llegaste a Baem?

No dije nada.

-No hace falta que contestes, en realidad ya lo sé todo sobre ti. No llevas ni siquiera un mes en este mundo y ya superas a los alumnos de primer curso. Eso es… brillante -sentenció con una sonrisa-. Supongo que te estarás preguntando qué haces aquí, ante mí, ¿no?

Seguí sin contestar, por mi cabeza solo pasaban imágenes de la muerte de mi padre.

-Ya veo que no eres de muchas palabras -suspiró-. Sé que habrás escuchado cosas horribles acerca de mí, pero la mayoría no son ciertas -mintió-. Solo quiero conseguir un mundo mejor para todos los magos, Ben. Para eso, necesito a los mejores a mi lado. Quiero que te unas a mí, chico. Yo mismo me encargaré de tu preparación para que te conviertas en un mago poderoso. Juntos seremos capaces de doblegar de una vez por todas a ese estúpido Consejo que toma decisiones en nuestro nombre.

Entonces comprendí que de verdad no sabía nada sobre el medallón, mucho menos de quién era mi padre. Me alegré de no haber hablado de esas cosas con nadie más que con Emma, Raissa, Donovan y el Consejo. Un poco más tranquilo, aunque todavía en tensión, clavé la mirada en Shakar.

-No -respondí a su propuesta.

La imagen parpadeó varias veces antes de recuperar su nitidez. El rostro del hombre había cambiado, ya no parecía tan amable.

-No seas idiota, chico. No me quieres como enemigo -murmuró, acompañando las palabras con una mirada asesina.

Era tal el pánico que me infundía, que a punto estuvieron de fallarme las piernas.

-Está bien, supongo que no confías en mí, no tienes por qué -dijo recuperando la calma del principio-. Piénsatelo, nos volveremos a ver pronto, espero. Mientras tanto mis… amigos seguirán pendientes de ti. Adiós, chico.

Acto seguido un nuevo fogonazo iluminó la habitación, obligándome a cubrir mis ojos una vez más. Cuando recuperé la visión, Shakar había desaparecido.

Algo receloso, me acerqué hasta el borde del pozo con la varita en alto y mi reflejó me saludó desde las profundidades adonde había vuelto el nivel del agua. Salí corriendo de la habitación y crucé la oscuridad de la antesala que me separaba del ascensor. Entré y las puertas se cerraron por fin a mis espaldas antes de ponerse en movimiento, descendiendo hacia la cafetería como si nada de aquello hubiese sucedido.

Pero había ocurrido. Shakar, el mismo que había matado a mi padre y al que suponía, tendría que enfrentarme en el futuro, acababa de proponerme que me uniera a él.

Ya en la seguridad del ascensor, los nervios y la tensión acumulados en los últimos minutos me asaltaron. Se me hizo un hueco enorme en el estómago y mis brazos comenzaron a temblar incontroladamente. Las piernas me fallaron y caí al suelo, respirando aceleradamente. Reviví el pánico absoluto que había sentido mientras el ascensor descendía y mi mente se colapsaba, sumiéndome en un sueño profundo al perder la consciencia.

Me acababa de desmayar.

Pincha aquí para ir al capítulo 20

Pincha aquí para ir al índice de capítulos

Si has cambiado de idea y prefieres descargar el pdf, pincha en el siguiente enlace: Manuscrito Ben Stone y el Corazón de Baem

Anuncios