Capítulo 35

Emma y yo nos sentamos en un banco del parque, el mismo en que ella me había dado alcance un día para preguntarme acerca de aquel bolígrafo que había volado solo y se había estrellado contra mi cara. Sonreímos al recordarlo.

Después de escoltar a Shakar de vuelta a Baem, lo habían encerrado en las mazmorras de la Torre, lugar en que había recuperado la consciencia y donde nos maldecía a todos una y mil veces. Durante la semana siguiente, tuve que relatar a medio centenar de personas diferentes todos los hechos que habían ocurrido desde mi primer encuentro con Shakar en Madrid. Tanto Raissa como yo, nos habíamos enfrentado a un juicio por abandonar Baem con el colgante, arriesgando con ello las vidas de todos. Aun así, dado el resultado final, se nos declaró inocentes.

Olivia, nueva portavoz de un Consejo recién nombrado, me otorgó el título de “Guardian de Baem”, mucho más bonito, en mi opinión, que “Portador del Medallón”. Mi nuevo estatus social parecía encontrarse prácticamente a la altura del mismísimo Consejo.

La gente me paraba por la Escuela y me estrechaban la mano. Todo el mundo conocía mi nombre y mi historia. Aun así, no dejaría de ser un alumno más hasta que me graduara. Por muy avanzado que fuera en las asignaturas prácticas, todavía no había abierto ni siquiera un libro de las más teóricas y, por lo que me contaba Emma, me esperaba una buena cuando empezara con “Runas”.

Aun así, Olivia había decidido darnos tanto a Emma como a mí unas pequeñas vacaciones con nuestras familias en la Tierra. Según ella, las merecíamos más que nadie.

-¿Cómo están las cosas con tu padre? -le pregunté al tiempo que pasaba un brazo por encima de sus hombros y la acercaba hacia mí.

-Bueno -contestó apoyando la cabeza sobre mi hombro-, bien, supongo. Sigue siendo igual de estricto que siempre, solo que ahora que ha estado a punto de… perderme, ha suavizado mucho su actitud conmigo.

-Deberías haber visto tu cara cuando le viste en la iglesia -reí, ganándome al instante un golpe en el brazo.

-¿Qué esperabas? Me parece increíble que le pidieras ayuda -admitió.

-No tenía opción, era la única persona que conocía que podía manejar un arma.

-¿Cómo supiste que eso afectaría a Hakael?

-No lo supe -reconocí-. Simplemente supuse que no se lo esperaría. Necesitaba una distracción que me proporcionara tiempo suficiente para absorber un hassan. No esperaba que se cayera al suelo, aunque está claro que eso ayudó bastante. Por cierto -dije cambiando de tema-, creo que ya sé por qué eres maga.

-¿A qué te refieres? -preguntó confusa.

-Se supone que deberías haber nacido con las dotes mágicas bloqueadas, ¿recuerdas?

-Ajam.

-Pues lo hablé con el profesor Donovan el otro día. Fui a verle para contarle todo lo que había sucedido. Era el mejor amigo de mi padre y no quería que fuera el último en enterarse de todo. En fin -volví al tema importante-, llegado un punto le pregunté por ti. Estuvo un buen rato dándole vueltas y cree que se debe al medallón.

-Pero si yo no me lo he puesto nunca -contestó confusa.

-Ya, ya. Ya lo sé. Me refiero a que, al estar tanto tiempo cerca de mí, tus poderes se desbloquearon. Así que… de nada -dije orgulloso.

Ella se rio y me dio una suave colleja.

-Puede ser -reconoció-, aunque nunca lo sabremos, no puedes demostrar nada.

-Tú lo que no quieres es darme la razón -me hice el ofendido.

-Obvio.

Se volvió a reír, con aquella risa suya que detenía el tiempo y me hacía preguntarme cómo era posible que tuviera la suerte de tenerla allí a mi lado.

-Te quiero -le dije.

Se apartó un segundo de mi hombro y me miró fijamente.

-Y yo a ti -contestó sonriendo antes de besarme.

Nos quedamos allí, abrazados en aquel parque, hablando de tonterías durante el resto del día. En el fondo, ambos estábamos ansiosos por regresar a Baem, aquel mundo maravilloso que habíamos conocido hacía menos de tres meses pero que, a pesar de ello, habíamos pasado a sentirlo como nuestro hogar, el lugar al que pertenecíamos y el único sitio donde realmente encajábamos.

Desde entonces han pasado muchas cosas hasta llegar al punto en que nos encontramos, tantas, que a veces me pregunto si Gardar tenía razón y en verdad algunos secretos nunca deberían llegar a ser revelados. Solo tengo clara una cosa: se equivocó.

Baem necesita un Guardián o un Portador, llámalo como quieras, sea yo o cualquier otro. Alguien que no tenga nada que ver con el Consejo y que sea capaz de velar por la seguridad de este mundo. Ocultando el medallón, dejó Baem a merced de la maldad de algunos corazones y quiso la suerte, el destino o la simple casualidad, que acabara en mis manos, justo a tiempo para conseguir evitar la catástrofe que habría significado el triunfo de Hakael.

No digo que yo salvara a Baem aquel día. Si el medallón hubiese ido a parar a cualquier otro, habría sido él o ella quién se habría enfrentado al mal y también lo habría vencido. Estoy seguro.

Por eso, Baem necesita el medallón y alguien que lo lleve puesto. Para eso fue creado y por ello lo llevo con orgullo desde entonces. Ya nadie habla de ríos de magia bajo las montañas ni de entradas secretas. Ahora, todo el mundo sabe que el Corazón de Baem lo lleva Ben Stone colgado del cuello y que, si algún peligro acechara a nuestro mundo mágico, yo sería el primero en salir a su encuentro.

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