Gracias por estar siempre ahí

Gracias por estar siempre ahí


A veces siento que no te lo digo suficiente, que debería ser capaz de gritarlo cada día porque me nazca de dentro darte las gracias por tanto. Pero no soy así, lo sabes mejor que nadie. Aunque puede hablar si parar, en lo que a sentimientos se refiere, a veces soy más cerrado de lo que me gustaría.

Por eso hoy te quiero dar las gracias por todo, por estar siempre ahí a pesar de los tropiezos y ser la mano tendida que siempre me ayuda a levantarme. Eres una de las pocas personas que sé que no me fallarán nunca y no sabes lo bien que sienta tener a alguien así en mi vida. Gracias, de corazón, por cada momento que hemos pasado juntos. Por ser la risa que le quita el sonido a las tormentas y hace que los truenos sean un lugar mágico en el que sentirme seguro.

Nadie había conseguido algo así antes.

Siempre creí que tener a alguien así a mi lado sería imposible. De hecho, cuando llegaste a mi vida nunca imaginé que terminaríamos así. Si me lo hubiesen preguntado entonces, seguramente me habría reído, incrédulo, y habría tildado de loco a cualquiera que pensara eso.

Pero aquí estamos y ya no sé vivir sin ti. Seguramente pudiera hacerlo, claro, pero es que realmente no quiero ni tener que intentarlo. Te quiero en mi vida, siempre, porque eres ese toque de alegría que siempre hace falta. Cierta felicidad que llega solo cuando te veo, cuando te tengo cerca y eres capaz de leer en mi sonrisa que algo no anda bien. Entonces es cuando más te admiro, por conseguir que los monstruos que me acechan en la noche se vayan lejos y amanezca antes el día. Por raro que suene, sé lo que quiero decir: eres magia.

Tienes tanta paciencia conmigo que no sé ni siquiera cómo es que sigues aquí. Yo ya me habría hartado de mí hace mucho tiempo. Pero tú no. Tú insistes en tenerme a tu lado, en ser feliz conmigo y no sin mí. Y te vuelvo a dar las gracias una y otra vez por ello, porque te quiero tanto que estar sin ti sería devastador. No me lo quiero ni imaginar.

Simplemente, gracias. Por las risas, por la alegría, por la felicidad que siempre traes a mi vida. Por ser un pilar que nunca tiembla y en el que sé que siempre puedo apoyarme. Gracias por seguir ahí cuando los demás no estaban, por entender mis malos ratos y mil manías y, sobre todo, por ser siempre tú y nunca dejar de serlo conmigo.

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