MotivaciónPensamientos

No tienes que pedir perdón por ponerte tú primero. De hecho, es lo que deberíamos hacer todos. Un día aprendes a ponerte a ti por delante y ya nunca más dependes de nadie. Y el que no lo entienda, que siga en su burbuja imperfecta viendo la vida pasar desde la comodidad de su egocentrismo. Ya explotará. Ya se verá sin nada que lo sujete en el aire y buscará aterrado algo que frene la caída de vuelta a la realidad. Quizá entonces abra por fin los ojos. Quizá no. Hay personas ciegas en lo que a entender la vida se refiere.
No pidas perdón por brillar. Que no te dé miedo salirte del camino que sigan todos los demás. No por seguirlos a ellos serás más feliz. De hecho, si ya sientes que no encajas, quizá sea el momento de salir de ahí, de coger las riendas de tu vida y hacer con ella lo que te dé la gana. Por mucho que creas que no puedes, por mucho miedo que te dé. Cualquier caída será mejor que seguir en esa zona de confort que no te aporta nada. Lo habrás intentado y eso tendrá el poder de hacerte sentir bien.
Así que sal de ahí de una vez y cómete el mundo. Destroza los prejuicios de todos los demás, salta sobre ellos y vuela tan alto como te lo permitan tus sueños. Y nunca pidas perdón por ello. Vales mucho más que eso. No te encierres de nuevo entre los barrotes de culpabilidad en que nos quieren meter a todos los que decidimos vivir nuestras vidas a nuestra manera. La culpa es toda suya, no nuestra. Culpa que sienten ellos por no atreverse a ser libres, a ser felices de una vez por todas.
Prefieren cortarnos las alas a nosotros antes que saltar por el precipicio de sus dudas para matarlas todas. Para abrir sus propias alas en mitad de la caída y volar más allá de lo que jamás pensaron que podían hacerlo.
No te disculpes por ser tú. Es así de sencillo. Nadie tendría que sentirse mal por ser como es, así que no dejes que se metan en tu cabeza. Como te dije antes, que les den a todos. Eres increíble y no quieres verlo. No hay nada malo en ser tú, ni mucho menos. De hecho, te diría que ser tú es algo maravilloso. No hay nadie igual en el mundo entero. Es lo más bonito de esta vida: todos podemos ser lo que queramos porque nadie puede limitarnos.
No, si creemos en nosotros mismos.
No, si no dejamos que nos llenen de complejos.
No, si hacemos oídos sordos a todos sus miedos.
Son de ellos, no nuestros. Nosotros ya tenemos más que suficiente con cumplir nuestros sueños. No dejes que entre en tu vida nadie que no esté dispuesto a volar tan alto como tú. O, mejor dicho, a quien no esté dispuesto a admirar tu vuelo. Que caminen, si quieren, pero que nunca intenten frenarte o encerrarte entre los barrotes de sus propios miedos.
No lo olvides: no tienes que pedir perdón por nada. Eres libre de tomar tus propias decisiones, de equivocarte si hace falta. Y nadie, jamás, podrá decirte que estuvo mal arriesgarte por muy dura que fuera la caída.
Si no saltas, no vuelas.
Y si no vuelas, no vives.

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