MotivaciónPensamientos

Un página en blanco. Un libro cerrado que se abre ante nosotros con un final incierto. Tú mandas. En tu mano la pluma y ante ti un desierto por conquistar a base de vida, de frustraciones, de metas cumplidas.

Somos un libro por escribir, autores de dedos inquietos que rompen hojas, tachan líneas y borran imposibles. Nos encierran las paredes que nosotros mismos levantamos. Castillos de esperanzas que otros tiran abajo cuando menos lo esperamos.

Somos un puñado de capítulos y unos cuantos cientos de páginas que quedaron atrás. Una vida con resumen de contraportada y que, milagrosamente, hemos sabido trenzar hasta llegar a donde estamos.

Puede que la página siguiente se levante ante nosotros como la ola más grande del océano tormentoso y que no nos quede más remedio que enfrentarla.

Qué más da.

Eso mismo hemos hecho siempre desde que aprendimos a caminar. Desde que empezamos a escribir nuestra historia y ante nosotros no hubo más que niebla.

Futuro.

Qué injusto es ser los autores de nuestras vidas y no poder echar un vistazo a lo que viene después. Vivimos en presente, conocemos el pasado y no tenemos la menor idea de qué capítulo vamos a empezar cuatro hojas más allá.

Y qué bonito al mismo tiempo. Podemos elegir tramas, personajes, historias. Podemos avanzar al ritmo que nos dé la gana, ya que es nuestra propia historia lo que escribimos. No importa lo mucho que nos tiemble el pulso o lo mucho que nos imponga el mañana. Mientras la mano avance y las hojas caigan, seguiremos siendo poderosos.

Nosotros decidimos en nuestras vidas, nosotros tenemos la última palabra.

 
 
 

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