Amor

Ojalá a mi vida nunca le falte su sonrisa, su toque de locura, su magia cuando estamos a oscuras y el universo entero se resume en esa habitación. En sus dedos, en sus besos, en el calor de un mundo que brilla con luz propia desde el día mismo que la conocí.

Será que todo lo que había vivido hasta llegar a ella fue solo pasatiempo, una forma de aprender a amar, de saber qué está bien y qué está mal. Aunque todo fuera real, claro. No se ama nunca de mentira, aunque sí que es difícil acertar a la primera. Hacemos daño y nos duelen, es normal. Vivimos el amor con tanta intensidad que por eso siempre que se rompe, explota.  Nadie sale ileso del amor.

Pero un día llega alguien que le da sentido a todo. Que te demuestra que todos esos amores pasados solo fueron el camino que te llevó hasta esa persona. De repente, todo encaja, y sonríes porque al fin la vida te da un respiro. Ya no quieres otro abrazo que no sea el suyo, ni otros besos. Esa persona te lo da todo y más, tanto que no sabes dónde guardar tantos sentimientos.

Y por eso se escapan.

Y por eso eres incapaz de no gritar a los cuatro vientos lo mucho que la quieres. Que darías la vida porque nunca te falte, porque si faltara, la vida sería demasiado gris como para vivirla ahora que sabes lo que son los colores.

Por eso la quiero tanto, porque sé que con ella todo es diferente, todo suma en esto que tenemos y nada resta del amor que hemos conseguido alcanzar. Es tan increíble, que no quiero ni pensar en la posibilidad de perderla por idiota. Y es que soy muy torpe. Siempre cometo errores… pero ella siempre se ríe, me besa y entiende que soy así. Quizá por eso me ame tanto, porque incluso mis defectos parecen gustarle.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Publicar comentario