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Por una vez…

Ella vive su vida provocando sonrisas, provocando sueños. Eleva el pulso de todo aquel que la observa cuando sus miradas cruzan, cuando se saben perdidos en el verso infinito que prometen sus labios.

Lleva tatuadas en el alma las cicatrices de antiguas batallas y las luce orgullosa, pues sabe que no hay derrota alguna que la defina. Mantiene intacto su corazón a pesar de tanto idiota que no supo cuidarlo, que permitió que se rompiera en pedazos a golpes de realidad.

Aun así, ella siempre recoge los pedazos y los vuelve a juntar con paciencia, manteniendo la ilusión a buen recaudo para que nadie se la robe un día. Y es que, de la misma forma que sabe que no hay derrota que la defina, es consciente de que el amor es mucho más grande que un puñado de malas experiencias.

Por eso ella no abandona la alegría, nunca tira la toalla. Sigue buscando a su alrededor unos ojos que la reten, que la obliguen a detenerse, coger aire y lanzarse de nuevo al vacío confiando en que, por una vez, no sea su propio corazón el que frene la caída.

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