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    El estallido de tu gesto

    No fue la mirada. No fue esa forma que tienes de caminar como si no te importara el suelo. Fue tu sonrisa. Fue ver cómo el rostro se te iluminaba de golpe y entender, en ese preciso segundo, que yo ya no tenía salida. Hay personas que son refugio y tú, sin saberlo, te convertiste en mi casa solo con mostrarme los dientes. Fue una rendición absoluta. No necesité palabras, ni promesas, ni un pasado compartido. Me bastó ver ese gesto tuyo para saber que ahí, en la curva de tu boca, se escondían todas las respuestas que nunca me atreví a preguntar. Te miré sonreír y sentí el vértigo de quien se sabe perdido y, por primera vez, no tiene miedo. Te miré sonreír y quise quedarme a vivir en ese instante para siempre. Porque hay amores que no nacen del tiempo, sino de un chispazo de luz en mitad del ruido. Y tú, con ese simple movimiento, lograste que todo lo que antes estaba roto dejara de importar. Ahora camino buscándote en cada reflejo, esperando que vuelvas a desarmarme con la misma facilidad. Al final, el amor no era un camino largo, sino un solo gesto que me cambió la vida.

    — Alejandro Ordóñez

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