Nacimos del mismo asombro. Compartimos la sangre y ese idioma secreto que solo nosotros entendemos cuando el silencio se vuelve demasiado pesado en la mesa. Tú eres mi mapa cuando me pierdo en ciudades extrañas. Eres el testigo de mis primeras derrotas y el único que sabe exactamente cuánto pesan mis miedos, porque tú también los viste nacer. No hace falta que nos digamos que nos queremos. El amor está en ese hombro que se ofrece sin preguntas, en el mensaje que llega justo cuando el mundo parece desmoronarse, en la certeza de que, pase lo que pase, nunca estaré realmente solo. Somos dos rama…