Donde el refugio es tormenta
Te estás volviendo pequeña para caber en sus dudas. Te miras al espejo y ya no te reconoces, porque has dejado que su voz sea el cristal con el que te mides. No es amor si te hace caminar de puntillas por tu propia casa. No es amor si tienes que pedir permiso para ser, para estar, para brillar. Sientes ese nudo en el estómago, esa inseguridad que no es tuya, sino un regalo amargo que te entrega cada vez que calla, cada vez que juzga, cada vez que compara. Escúchame bien. No tienes que convencer a nadie de tu valor. Si el lugar donde deberías sentirte a salvo es el mismo que te hace temblar, entonces no es un hogar, es una jaula. El amor no genera deudas de confianza ni te obliga a mendigar certezas. Tienes que marcharte de los sitios donde tu luz molesta. Tienes que aprender a escucharte a ti, por encima del ruido que él genera. Si te hace sentir insuficiente, el problema no es tu capacidad de entrega, sino su incapacidad de verte. Elige tu paz antes que su caos. Elige tu centro antes que su abismo. Porque al final del día, la única persona que se quedará contigo cuando las luces se apaguen, eres tú misma. No te traiciones por miedo a la soledad. La soledad es un jardín comparada con el desierto de estar al lado de alguien que te hace sentir invisible.
— Alejandro Ordóñez
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