Donde el refugio es tormenta

Te estás volviendo pequeña para caber en sus dudas. Te miras al espejo y ya no te reconoces, porque has dejado que su voz sea el cristal con el que te mides. No es amor si te hace caminar de puntillas por tu propia casa. No es amor si tienes que pedir permiso para ser, para estar, para brillar. Sientes ese nudo en el estómago, esa inseguridad que no es tuya, sino un regalo amargo que te entrega cada vez que calla, cada vez que juzga, cada vez que compara. Escúchame bien. No tienes que convencer a nadie de tu valor. Si el lugar donde deberías sentirte a salvo es el mismo que te hace temblar, e…