La diferencia entre el incendio y la brasa
Querer es fácil. Cualquiera sabe querer cuando el sol brilla y el aire es ligero. Querer es el impulso de tenerte cerca, la necesidad de llenar mis huecos con tu risa, el deseo de que seas el espejo donde me gusta mirarme. Cuando te quiero, te pido. Te pido tiempo, te pido besos, te pido que seas exactamente lo que mi soledad necesita. Es una llama que arde rápido y hace mucho ruido, pero que teme al invierno.
Amar, en cambio, es otra cosa. Es un lenguaje que se aprende en el silencio. Amar no es querer que seas mía; es desear que seas libre, incluso si esa libertad no me incluye. Si te quiero, tengo miedo de perderte. Si te amo, el miedo se disuelve porque entiendo que ya formas parte de mi mapa, estés o no estés. El amor no es un arrebato, es una decisión que se toma cada mañana al abrir los ojos y elegir quedarse, con tus grietas, con tus sombras, con ese desorden que nadie más ve.
Querer es consumir el oxígeno. Amar es aprender a respirar juntos en el vacío. Querer es un incendio que devora lo que toca; amar es la brasa que sobrevive a la tormenta y mantiene la casa caliente cuando afuera todo es hielo. No te confundas. Querer es un instante de hambre. Amar es el compromiso de no dejar que el otro muera de frío jamás.
— Alejandro Ordóñez
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