Tu mente es un jardín. Cada pensamiento que permites es una semilla que plantas. Cada palabra que te dices es el agua que la nutre. Si te hablas con dureza, crecerán espinas. Si te hablas con amor, florecerán rosas. No dejes que otros planten malas hierbas en tu jardín. Protege tu espacio. Arranca lo que no te hace crecer. Cuida con ternura lo que sí. Porque al final del día, el único jardín que realmente es tuyo... es el que llevas dentro.