La grieta exacta
No nace en los fuegos artificiales ni en las promesas que se gritan frente al mar. El amor nace en lo minúsculo. Nace en el preciso instante en que dejas de fingir que eres invencible. Nace cuando me dejas ver esa parte de ti que te avergüenza, esa esquina oscura que nadie más ha querido barrer. El amor nace en el silencio que no incomoda, en el café que se enfría mientras nos contamos los miedos, en la forma en que tus manos no tiemblan al sostener mis pedazos rotos. Nace cuando decides quedarte, incluso cuando el paisaje no es bonito. No es una explosión; es un goteo constante. Es la voluntad de mirar a alguien y decir: te veo, te acepto, entiendo tu desorden. Nace en la paciencia, en el perdón antes de la ofensa, en el espacio que queda entre tu cuerpo y el mío cuando el mundo se vuelve demasiado ruidoso. El amor no es un destino al que se llega con mapas, es el refugio que construimos con las manos sucias de barro. Al final, no es la luz lo que nos une, sino la forma en que ambos aprendemos a caminar a oscuras sin soltarnos. El amor es, simplemente, el lugar donde el miedo decide bajar la guardia.
— Alejandro Ordóñez
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