No nace en los fuegos artificiales ni en las promesas que se gritan frente al mar. El amor nace en lo minúsculo. Nace en el preciso instante en que dejas de fingir que eres invencible. Nace cuando me dejas ver esa parte de ti que te avergüenza, esa esquina oscura que nadie más ha querido barrer. El amor nace en el silencio que no incomoda, en el café que se enfría mientras nos contamos los miedos, en la forma en que tus manos no tiemblan al sostener mis pedazos rotos. Nace cuando decides quedarte, incluso cuando el paisaje no es bonito. No es una explosión; es un goteo constante. Es la volunt…