Donde tú empieces
Tengo ganas de quererte sin prisa. De esas ganas que no gritan, que no exigen, que simplemente están ahí, calladitas, esperando el momento exacto en que nuestras miradas se crucen y el mundo se calle un rato.
Tengo ganas de ti y no sé ni cómo explicarlo.
Es raro, ¿sabes? Llevo tanto tiempo protegiéndome de todo que casi había olvidado lo que se siente cuando alguien te desarma sin hacer ruido. Sin fuerza. Solo con una sonrisa a medio hacer y unas palabras que se te quedan pegadas en el pecho como si siempre hubieran estado ahí.
Tú llegaste así. Sin avisar, sin pedir permiso.
Te colaste entre mis muros como el sol se cuela por las persianas mal cerradas. Despacio, sin que pudiera hacer nada por evitarlo. Y ahora tengo tu luz dentro y me da miedo apagarla, me da miedo que se vaya, me da miedo quererla demasiado.
Pero más miedo me da no vivirlo.
Será que ya estoy cansado de tener cuidado. De medir cada palabra, de calcular cada paso, de proteger un corazón que, al final, solo quiere latir fuerte por alguien que lo merezca. Y algo me dice que eres tú. No sé si es la forma en que me miras cuando crees que no me doy cuenta, o esas conversaciones hasta las tantas en las que el sueño pesa pero ninguno quiere ser el primero en colgar. No sé qué es exactamente, pero lo siento.
Lo siento aquí, donde no se puede mentir.
Me gustaría prometerte que no tengo miedo. Pero mentiría. Claro que lo tengo. Me aterra enamorarme otra vez de alguien que un día pueda irse. Me aterra abrir las puertas que tanto me costó cerrar. Me aterra poner en tus manos lo poco que me queda de corazón entero.
Y aun así, quiero hacerlo.
Quiero aprender de nuevo lo que es despertar pensando en alguien y que ese pensamiento no duela. Quiero saber cómo suena mi nombre en tu boca cuando nadie más escucha. Quiero besar las partes de ti que otros no supieron cuidar y hacerte entender que no todos los amores vienen a romperte.
Algunos vienen a quedarse.
Así que aquí estoy, con mis grietas y mis miedos, con mis ganas torpes y un corazón que todavía cojea pero que no deja de latir. Aquí estoy, eligiéndote con todo lo que soy, que no es mucho, pero es honesto. Y si eso no basta, al menos que te quede claro que lo intenté con todo.
Porque contigo quiero empezar de nuevo. No desde cero, que ya no tengo edad para eso. Desde donde tú empieces. Desde donde quieras. Desde donde me dejes quererte.
Y ojalá me dejes.
— Por Escribir
¿Cómo te hizo sentir este texto?
¿Te está gustando este texto?
Únete a +50.000 lectores que reciben textos como este cada semana en su correo.
Si te gustó este texto, también te puede gustar...
Textos relacionados
Desliza para ver más →