Te miro y entiendo que el cielo no es un sitio al que se llega después de la vida. El cielo es el arco que dibujas cuando sonríes. Es ese espacio mínimo que separa mis miedos de tu boca. Cuando me besas, el ruido del mundo se apaga. Se callan las dudas, se detiene el reloj, se rinde la gravedad. No necesito mapas si me pierdo en el relieve de tus labios. Son carne y son refugio. Son la respuesta que no me atreví a preguntar. A veces me quedo ahí, suspendido, rogando que el tiempo no sepa cómo encontrarnos. Porque tocarte es volver a casa. Porque en el roce de tu piel he encontrado la paz que…