La gravedad de tu boca
Te miro y entiendo que el cielo no es un sitio al que se llega después de la vida. El cielo es el arco que dibujas cuando sonríes. Es ese espacio mínimo que separa mis miedos de tu boca. Cuando me besas, el ruido del mundo se apaga. Se callan las dudas, se detiene el reloj, se rinde la gravedad. No necesito mapas si me pierdo en el relieve de tus labios. Son carne y son refugio. Son la respuesta que no me atreví a preguntar. A veces me quedo ahí, suspendido, rogando que el tiempo no sepa cómo encontrarnos. Porque tocarte es volver a casa. Porque en el roce de tu piel he encontrado la paz que las ciudades me negaron. No es deseo, es algo más antiguo. Es la certeza de que mis manos fueron hechas para sostener tu rostro. Eres el único horizonte que no retrocede cuando camino hacia él. Si alguna vez me falta el aire, sé que lo encontraré guardado entre tus dientes. Eres mi tregua. Eres el único lugar donde no necesito ser nadie más que este hombre que te ama. Al final, solo somos dos silencios que decidieron romperse en el mismo beso.
— Alejandro Ordóñez
¿Cómo te hizo sentir este texto?
¿Te está gustando este texto?
Únete a +50.000 lectores que reciben textos como este cada semana en su correo.
Si te gustó este texto, también te puede gustar...
Textos relacionados
Desliza para ver más →