Donde el incendio no quema

Ella vive. No la busques en los lugares que el tiempo ha devorado, ni en el rastro de una ausencia que ya no le pertenece. Ella vive en la forma en que ahora sostienes el café, en ese gesto tuyo que antes no existía y que ahora es su reflejo más puro. La ves cuando cierras los ojos y el silencio deja de ser un vacío para convertirse en refugio. Ella vive en el eco de las palabras que te enseñó a pronunciar cuando el miedo te quitaba la voz. No es un fantasma, es una cimentación. Está en la luz que atraviesa el polvo por la tarde y en la fuerza con la que decides levantarte un lunes cualquiera…