Te dijeron que la fragilidad era un defecto. Te enseñaron a esconder las grietas como si fueran cicatrices de una guerra perdida. Pero te miras al espejo y entiendes que no estás hecha de cristal, sino de algo mucho más antiguo y salvaje. Te han golpeado las ausencias. Te han sacudido los silencios que nunca esperaste. Y sin embargo, aquí sigues. No es que no te rompas, es que has aprendido a reconstruirte con los pedazos que otros dieron por perdidos. Eres inquebrantable no porque seas dura, sino porque eres capaz de transformarte. Cada vez que el mundo intentó apagarte, tú encendiste una lu…