Estás ahí, pero ya no estás. Te has vuelto un murmullo en una habitación llena de gritos. Caminas con el peso de saber que tus pasos no dejan huella, que tu voz se disuelve antes de llegar al oído de quien amas. Te duele la transparencia. Te duele ser el espacio vacío entre dos personas que se encuentran. Has aprendido a pedir perdón por ocupar un sitio, a encogerte hasta que tus bordes desaparecen, a ser el fondo de una fotografía ajena. Nadie pregunta cómo estás porque nadie nota que faltas. Y lo peor no es que el mundo te ignore, lo peor es que tú también has empezado a dejar de verte en e…