Espejos frente a frente

Buscas el refugio de otros ojos para no sostener los míos. Esa es la trampa de la mesa para cuatro. Planeas la logística, el restaurante ruidoso y las risas compartidas como si fueran un escudo. La ventaja es obvia: el silencio no pesa. Si nos quedamos sin palabras, siempre habrá otra voz que llene el vacío. La presión se diluye. Nos convertimos en personajes secundarios de nuestra propia historia y, por un momento, parece que todo es más fácil porque no hay que mirarse al fondo de los ojos. Pero hay un precio que no estás contando. La desventaja es el robo de la intimidad. Al invitar a otros…