No sé cómo lo haces. No sé si lo sabes siquiera. Pero cada vez que apareces, el mundo se calla. Así, de golpe. Como si todo lo demás dejara de importar y solo quedáramos tú y este nudo que me aprieta el pecho cada vez que sonríes. Y sonríes mucho. Demasiado para alguien como yo, que se olvida de respirar cuando te tiene cerca. Me pasa algo contigo que no tiene nombre. O quizá sí lo tiene y me da miedo pronunciarlo, no vaya a ser que se rompa. Que las cosas bonitas a veces se rompen cuando las dices en voz alta, como si el universo estuviera escuchando y le diera por llevárselas. No quiero que…