Te han dicho que eres frágil. Te han mirado como si fueras de cristal, esperando el momento exacto en que te rompas. Pero no saben que tus grietas no son fallos, son entradas de luz. Eres una guerrera que no necesita armadura de metal porque tu fuerza nace de adentro, de ese lugar donde el miedo aprendió a quedarse quieto. Has caído tantas veces que el suelo ya te reconoce como amiga, pero siempre te levantas. Te levantas con las rodillas raspadas y la dignidad intacta. No peleas con espadas, peleas con la verdad, con la ternura, con esa capacidad tuya de seguir amando en un mundo que a veces…