La condena de los tibios

No me sirve tu afecto a cuentagotas. No entiendo de afectos que se guardan para el domingo por la tarde pero se esconden cuando el lunes aprieta. Me cansa tu forma de quererme solo cuando el viento sopla a favor, ese cariño intermitente que brilla un segundo y luego me deja a oscuras, tanteando las paredes de una habitación que nunca terminas de habitar. Yo no sé habitar los bordes. No sé ser un rincón donde descanses mientras decides si te atreves a entrar del todo. O entras o cierras la puerta, pero deja de quedarte en el umbral, dejando que el frío se cuele en mis huesos. Quiero el incendi…