La habitación del pánico
No quiero estar sin ti. Me lo digo frente al espejo para ver si el miedo se vuelve más pequeño al nombrarlo, pero solo crece. No quiero despertar un martes cualquiera y descubrir que mi mano ya no busca la tuya por instinto bajo las sábanas. Me aterra la idea de que tu risa se convierta en un eco borroso, en una anécdota que cuento a extraños para convencerme de que alguna vez fui feliz. No quiero aprender a vivir en el hueco que dejas. No quiero que el café se enfríe porque ya no tengo a quién esperar para beberlo. Me resisto a la idea de que el mundo siga girando como si nada hubiera pasado, como si tu ausencia no fuera un terremoto silencioso que lo agrieta todo. No quiero que seas un recuerdo, quiero que seas el presente, el ruido en la cocina, la duda compartida, el roce accidental en el pasillo. Me da miedo la libertad de no tenerte porque esa libertad se siente como un desierto. No quiero ser valiente si serlo significa aceptar que ya no estás. Prefiero la vulnerabilidad de necesitarte, el egoísmo de quererte aquí, cerca, donde todavía puedo escuchar cómo respiras. Porque sin ti, el silencio no es paz; es solo un vacío que no sé cómo llenar.
— Alejandro Ordóñez
¿Cómo te hizo sentir este texto?
¿Te está gustando este texto?
Únete a +50.000 lectores que reciben textos como este cada semana en su correo.
Si te gustó este texto, también te puede gustar...
Textos relacionados
Desliza para ver más →