Donde el ruido se apaga

Construimos un mundo con muy poco. Nos bastaron tres canciones, el frío de una ciudad que no nos entendía y esa forma tuya de mirarme cuando el resto del universo se volvía insoportable. Era nuestro. Un territorio sin fronteras donde no hacía falta explicar el miedo ni justificar la risa. En ese espacio, el tiempo no corría, se sentaba a esperarnos. Fuimos dueños de una arquitectura invisible, hecha de palabras a medio decir y de madrugadas que se estiraban hasta que la luz nos encontraba aún despiertos. No necesitábamos más. El afuera era solo ruido, una interferencia lejana que no lograba a…