No te pierdas en el ruido de los aplausos. No dejes que las luces nuevas te borren las cicatrices que te trajeron hasta aquí. Mírate las manos. En ellas todavía queda el rastro del polvo, el peso de los inviernos que pasaste a la intemperie, la calidez de aquella casa que ya no habitas pero que te habita a ti. Nunca olvides el hambre de antes, ni el silencio de los que te sostuvieron cuando tus alas eran solo un proyecto de libertad. Vienes de un lugar donde las palabras tenían peso y el esfuerzo olía a sudor y a esperanza. Vienes de los muros desconchados, de los abrazos que curaban el frío,…