Anclas en mitad del incendio

A veces el mundo se vuelve un lugar demasiado ruidoso para soportarlo a solas. Te pierdes. Te apagas. Te convences de que el frío es tu estado natural y de que nadie vendrá a buscarte a mitad de la tormenta. Pero entonces aparecen ellos. No traen capas ni promesas heroicas. Solo traen su presencia, un café caliente y esa forma tan suya de mirarte que te devuelve el nombre que habías olvidado. Te salvan. Te salvan sin saberlo, con la naturalidad de quien respira. Te salvan cuando te escuchan el silencio. Te salvan cuando no te juzgan las ruinas, sino que se sientan a esperar contigo a que deje…