Hablemos, cuando quieras, pero hablemos. A la cara, nada de WhatsApp ni llamadas. Volvamos a lo que un día fue y dediquemos un rato a recordar el valor de una mirada, de una sonrisa, de un silencio. Hablemos, frente a frente, con un café de por medio. En la calle, en un banco o incluso en el metro. Donde quieras, pero hablemos. Con el móvil bien escondido lejos de las manos, nada de hablar mirando a la pantalla mientras yo trato de que se crucen nuestras miradas. No, no quiero eso. Quiero contacto visual, que las únicas luces que iluminen tu rostro sean las del sol o las del local en el que e…