Quisiera ser el silencio que te habita cuando apagas las luces. No hablo de una presencia ruidosa, sino de esa calma exacta que se asienta en tus hombros después de un día de guerra. Quisiera ser el refugio, no la tormenta. Quisiera ser la certeza de que, al cerrar los ojos, no estás cayendo al vacío, sino aterrizando en suelo firme. Te miro y me pregunto cuántas capas de ti mismo guardas bajo llave por miedo a que alguien las rompa. Quisiera ser la llave que no fuerza el cerrojo, sino la que conoce el mecanismo del perdón. Quisiera ser el aire que llena tus pulmones cuando sientes que el pec…