Todos los textos
    2 min de lectura

    La libertad de los cuerpos que se rozan

    No quiero que me pertenezcas. No quiero que lleves mi nombre como una marca de propiedad, ni que tus días se midan por lo que yo espero de ti. Te quiero libre. Te quiero con tus miedos intactos y tus sueños que no me incluyen, porque es ahí, en tu independencia, donde mi amor encuentra su verdadero sentido. Ser contigo es habitar un espacio compartido sin que las paredes nos asfixien. Es mirarte a los ojos y saber que podrías irte en cualquier momento, pero eliges quedarte. No soy tu dueño, ni tú eres mi refugio contra la soledad. Somos dos fuerzas distintas que han decidido, por voluntad y no por carencia, caminar en la misma dirección. Me cansa la idea de las medias naranjas; yo te prefiero entera, radiante, completa, para que cuando nos toquemos no sea para remendar nuestras grietas, sino para celebrar que estamos vivos. Ser de alguien es un sacrificio que no estoy dispuesto a pedirte. Ser contigo, en cambio, es el acto de rebeldía más hermoso que conozco. Prefiero el vértigo de tu libertad que la seguridad de tu cautiverio. Al final, lo que se amarra termina por romperse, pero lo que vuela a la par nunca olvida el camino de regreso. No me debes nada, y por eso, dártelo todo es mi única forma de ser feliz.

    — Alejandro Ordóñez

    ¿Cómo te hizo sentir este texto?

    ¿Te está gustando este texto?

    Únete a +50.000 lectores que reciben textos como este cada semana en su correo.

    Continúa explorando

    Si te gustó este texto, también te puede gustar...

    ¿Te gustó este texto?

    Descubre más textos como este en mis libros

    Ver mis libros