Te lo mereces. Mereces el descanso después de haber sido tu propia guerra durante tanto tiempo. Te mereces que la calma no te parezca un error o una señal de que algo malo está por venir. Has pasado años recogiendo tus pedazos del suelo, reconstruyendo un hogar en un pecho que otros dejaron en ruinas. Ahora, deja que el sol te toque sin pedir perdón por existir. Te mereces un amor que no sea un enigma por resolver, un abrazo que no se sienta como una despedida a plazos y una voz propia que no tiemble al decir que no. No es suerte, es justicia. Es el eco de todos los golpes que aguantaste en s…