Te vas y te llevas el aire. Me molesta que te vayas, pero me duele más que no me necesites para caminar. Te miro preparar tu salida, elegir la ropa, revisar el reloj, y siento que cada gesto es un ladrillo que levantas entre nosotros. No es odio, es miedo. Es ese miedo punzante a que descubras que la vida es más ligera cuando yo no estoy. Me quedo aquí, midiendo el silencio de las paredes, odiando la libertad que te permites. Me molesta que tengas planes donde no aparezco. Me molesta que tu alegría sea capaz de encenderse con otras luces que no son las mías. Quisiera ser tu único destino, tu…