Te quiero. Así, sin adornos, sin la urgencia de que me devuelvas el eco. Te quiero cuando el silencio se vuelve demasiado ruidoso y cuando la alegría me desborda y no sé dónde ponerla. Te quiero en los días grises, esos en los que ni yo mismo me soporto, y sin embargo, tú encuentras la grieta por donde filtrar la luz. No es un sentimiento liviano. Es una decisión que tomo cada mañana al abrir los ojos. Es elegirte entre el ruido del mundo, entre todas las versiones de mí que intentan escapar. Te quiero porque me haces sentir que no necesito ser perfecto para ser suficiente. Te quiero porque e…