La raíz que viaja en la maleta

Te fuiste. Cerraste la puerta y el sonido de la llave girando no fue un cierre, sino una fractura. Ahora caminas por calles que no conocen tu infancia. Escuchas un idioma que no sabe cómo suena tu nombre cuando alguien te ama. Vivir lejos es esto: ser un extranjero permanente, incluso cuando regresas. Tienes la extraña sensación de que el tiempo allí se detuvo, pero cuando vuelves, las sillas están vacías y los huecos en la mesa te gritan que la vida no te esperó. Has aprendido a compactar tu existencia en veintitrés kilos. Has aprendido que el hogar no es un techo, sino el olor a café que te…