La geografía de tu permanencia

Y que nunca me faltes. Que el mundo se empeñe en cambiar de eje, que las estaciones se confundan y que el tiempo decida correr más rápido de lo que mis pies alcanzan, pero que tú te quedes. No te pido eternidades vacías ni promesas de mármol. Te pido la constancia de tu voz en mis mañanas grises. Te pido el peso de tu mirada que me devuelve el nombre cuando me pierdo en la multitud. Que nunca me faltes porque has aprendido a leer los silencios que ni yo mismo entiendo. Porque cuando el miedo aprieta, tu presencia es el único refugio que no necesita paredes. Me aterra la idea de un domingo sin…