Hubo un tiempo en que me perdía en otros. Buscaba mi valor en sus ojos, mi paz en sus palabras, mi felicidad en sus manos. Y cada vez que se iban, yo también desaparecía. Hasta que entendí. Nadie puede darte lo que no te das tú. Nadie puede amarte lo suficiente si tú no empiezas primero. Nadie puede completarte porque nunca estuviste incompleto. Ahora me busco en mi espejo, no en el de otros. Me encuentro en mis silencios, en mis decisiones, en mi soledad elegida. Ya no me pierdo. Me habito.