Yo primero, el mundo luego

Supongo que nunca aprendo. Que de tanto dar la mano, la mordió el perro y arrancó con ello el último aliento de esperanza que pudiera quedar en mí. Esperanza que nunca se rindió, que siempre creyó en los demás como vía de escape o apoyo, como ayuda cuando todo se volvía gris. Quise pensar que los demás harían por mí lo mismo que yo estuve dispuesto a hacer por ellos. Qué menos que devolver lo dado, que ser honrado en el esfuerzo que cualquier amistad supone. Quise creer en todos, menos en mí. Tal vez lo mío no era nunca tan importante como lo suyo. O sí. Y por querer creer que lo mío importab…