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Me gustaría darte las gracias por tanto. Puede que no te lo diga suficientes veces, pero te quiero más que a nada. Seguramente leas esto y pienses «ya está otra vez», pero necesito decirlo o reviento. Eres un regalo que la vida puso en mi camino. Cada día que pasa lo tengo más claro. No sería la persona que soy ahora si no te hubiera conocido, si no hubiera compartido toda mi vida contigo.

Gracias por ser un pilar que nunca tiembla. Sé que siempre puedo acudir a ti cuando todo mi mundo da vueltas. Eres capaz de frenar el caos y darle paz a mi alma en los peores momentos. Siempre estás ahí cuando te necesito y, espero que lo tengas claro, yo siempre estaré también para ti. Son los momentos que pasamos los que nos hace ser quienes somos, dicen. Y yo tengo claro que no cambio ni uno solo de los días que he vivido contigo por nada.

Puede que sí quitara alguna que otra discusión o algún enfado. Pero todo eso forma parte de una relación. Tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Lo que importa es el total, la suma de todos los hechos. Y ahí siempre ganas.

No hay nada que no haría por ti. Quiero que lo tengas muy claro. La vida da muchas vueltas, lo sé, pero tú serás siempre la constante a la que me agarre cuando todo lo demás empiece a girar. Serás el ancla que me salve de encallar.

Querido hermano: te quiero tanto que ojalá nunca lo dudes y siempre lo tengas claro. No importa lo duro que se ponga el camino ni todos los castigos que la vida nos eche a la espalda, mientras nos tengamos el uno al otro, siempre habrá un mañana. Y llegaremos, juntos. Como siempre lo hemos hecho. Porque pocas cosas hay en esta vida tan certeras como la fuerza de dos hermanos que luchan juntos cada día.

 

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