Amor

Seamos el verso fugitivo de unos labios que aprendieron a besar por primera vez de nuevo, las caricias temblorosas de unas manos incapaces de perder el miedo mientras desnudan alma y cuerpo. Seamos aquello que una vez soñamos, hagamos de tu cuarto universo y de tus lunares cada una de las estrellas de mi cielo.

Volemos alto, tanto que las nubes se lleven el sudor de nuestros cuerpos y allá arriba me pregunte cuándo te convertiste en diosa, capaz de volver creyente a este corazón roto que antes de ti no sabía del cielo que prometen cada uno de tus besos.

Seamos la locura de dos enamorados que gritan por una libertad que nace dentro, al son de la música de gemidos silenciosos que no se atreven, aún, a subir de tono.

Seamos invencibles, dos cuerpos fundidos en uno que sabe que nada le puede afectar. No ahora, jamás en ese momento único que inunda cada uno de sus sentidos.

Seamos un para siempre que nunca termine, por una vez, y que nos encuentre siempre abrazados en esta locura que nos hace perder la noción del tiempo, volviendo verano cualquier invierno e iluminando con su luz el futuro que nos espera, ansioso. A ti, por ser diosa de vida y sábanas que se alza siempre victoriosa; a mí, por ser eterno esclavo de todos y cada uno de tus besos.

 

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