Amor

Tengo un beso diferente para cada ocasión y un abrazo que te guarde de todo lo malo que hay ahí fuera. Una coraza a prueba de prejuicios y una vida entera llena de experiencias. Tengo cuatro o cinco cicatrices en el corazón que siempre estarán ahí. Espero que no te importe la decoración, pues antes de ti hubo tormenta. Aún así, ahora corren tiempos mejores. Lo noto en la sonrisa que me provocas incluso cuando no te tengo cerca y en las ganas de verte que siempre me crecen dentro.

Hay palabras que no soy capaz de juntar cuando de describir lo que siento por ti se trata y otras muchas que me asaltan cuando me pierdo en tu mirada. El pulso me galopa en las venas cuando me besas y por eso tiemblo cuando te alejas. Será que tengo miedo de gastar tus labios con mis ansias, de gastarte a ti y que por abusar de tanto amor un día te canses y ya no estés cuando más falta me hagas.

No puedo evitarlo. El pasado me ha roto tantos futuros que ya no me atrevo a soñar como antes lo hacía. Puede que el mañana te convierta en cicatriz, o tal vez no. No lo sé. Ya no me gusta pensar en futuro.

Prefiero seguir como hasta ahora y ofrecerte cada día todo lo que tenga. No sé hacerlo de otra manera. Y es que, si algo he aprendido del ayer, es a vivir el presente tan intensamente como me sea posible. Así, al volver la vista atrás, cada una de las cicatrices que me marquen la piel estarán completas. Con su principio y su final.

Serán la historia que contar, la vida que viví.

Por eso te cuento todo esto. Para que sepas que lo tengo todo y te lo daré sin miedo. No te mereces menos.

 
 

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